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REALISMO MÁGICO

Albert Sala no es un hiperrealista sino un realista mágico. El antecedente de sus obras está en el paisaje de Delf, de Vermeer, o en las vistas de la villa de Medicci de Velázquez, aunque no por ello ha dejado de estudiar profundamente el arte no figurativo, pero sin someterse a las normas de academias. Su arte expresa la poética sin tiempo; lo temporal en sus paisajes lo da los seres humanos y su propia alma. Esta penetra, en ocasiones, en los rincones más recónditos de los edificios que pinta, allí despacio, aminorando el ritmo de su fulgurante pincel, su pintura se aquieta captando el “ego” de los objetos y de los seres, ya sean melancólicas palomas u hombres desolados. Mas pronto sale de nuevo a la calzada; paseante y visionario, vuelve a retomar la emoción de la ciudad humedecida; “El paisaje es un estado del alma” y la de Albert Sala, artista bueno y limpio, nos criba las asperezas de lo hiriente y lo cotidiano, sublimizando lo más apacible del ámbito ciudadano.

JOAN LLOP SELLARÉS
Editor de la revista Gal-Art